viernes, 11 de marzo de 2016

Aokigahara, el bosque de los suicidas

Aokigahara, el Bosque de los Suicidas

Una de las insignias más famosas de Japón es el monte Fuji, el antiguo volcán siempre esta presente cuando pensamos en Tokyo, es también un lugar recurrente en los itinerarios turísticos, y tiene un sitio especial reservado en el corazón de los japoneses. Pero como todo, tiene un lado oscuro, y es que a sus pies se encuentra Aokigahara, el bosque de los suicidios.

Quizá alguien pensará que esto es la sinopsis de la película que se estrenó el pasado 26 de Febrero, pero no es el caso, el bosque de los suicidios es un bosque real, en cuyos senderos encontramos carteles que intentan disuadir a los que buscan acabar con su sufrimiento:

Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo”
o
Un momento, por favor. La vida es un precioso regalo que te dieron tus padres. No te guardes tus problemas, compártelos, busca asistencia”





























Desgraciadamente, no es lo único que puede encontrarse en las 3000 Ha que ocupa el mar de árboles. Lo más habitual es ver botellas vacías, blisters de pastillas, quizá alguna nota, si tienes mala suerte puede que halles a alguien que ya haya logrado su propósito. Por lo visto, se aconseja a los turistas que si ven alguna botella o cuchillo por el suelo, es mejor que no sigan por ese camino si no quieren toparse con algo desagradable, como por ejemplo un cadáver en el suelo, aunque no hacerlo tampoco garantiza nada, ya que hay formas de suicidarse que no dejan tales indicios. Algunas personas acampan allí al no estar seguros de la decisión que han tomado, así que se toman un tiempo para reflexionar, así que si ves una tienda de campaña es mala señal. Un símbolo del bosque son también los coches aparcados durante varios días, hasta que los guardas deducen que sus dueños no van a volver.

Este es el tercer punto del mundo donde más suicidios ocurren, en un índice de 50 a 100 anualmente, por detrás del Golden Gate y el puente del Yangtze en China. Existen incluso patrullas que una vez al año rastrean este bosque para recoger los cuerpos que no hayan encontrado los visitantes o los guardas forestales, y diariamente se vigilan las inmediaciones para detener a posibles suicidas. En 2012, intentaron acabar con su vida en este bosque cerca de 200 personas, aunque menos de 60 lo consiguieron, a partir de ese momento, el gobierno japonés dejó de emitir cifras para evitar la imitación. También es un lugar donde no todos son suicidas, en ocasiones se trata de asesinatos, y el bosque de los suicidas es el lugar perfecto para deshacerse de un cadáver, por lo que he leído la Yakuza paga a vagabundos para que lleven allí a sus víctimas.


























Por lo que parece, el efecto llamada empezó a partir de 1960 con la obra de Seicho Matsumoto, Nami No Tou, pero Aokigahara antes de ser conocido como el bosque de los suicidas, ya era un lugar considerado maldito en la mitología japonesa, asociándolo históricamente con demonios. Además, así como el monte Fuji sería la puerta de los cielos, Aokigahara, que se formó posteriormente, sería el purgatorio para los yurei, fantasmas que perdieron la vida trágicamente. Corren rumores de que por la noche se pueden ver las almas de los que mueren allí vagar bajo la luz de la luna.

El ambiente del bosque también aporta su granito de arena, pues casi no hay animales, por lo que apenas hay ruido, y la vegetación es tan densa que impide que sople el viento. Y para acabar de rematar, dicen que las concentraciones de hierro que hay en el subsuelo a veces hacen fallar las brújulas. Aunque Natalie Dormer dice que le parece un sitio bello, con pájaros cantando y familias paseando, pero al mismo tiempo triste. Es cierto que hay caminos ya marcados para excursionistas y turistas que visitan el monte Fuji, pero cuando empiezas a adentrarte...


En definitiva, Aokigahara ha atraído mitos y leyendas desde la antigüedad, y es un sitio que parece gustarle a la muerte, y, por supuesto, al turismo del morbo.




























Por: Hana


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